La colposcopía es un examen que se realiza con un microscopio o lente de aumento y que permite visualizar a mayor tamaño los tejidos internos de la mujer, para detectar así lesiones -tanto benignas como malignas- en el cuello uterino, la vagina, la vulva, etc. Deben practicárselo todas las mujeres una vez al año, sobretodo aquellas que arrojaron algún resultado anormal de Papanicolau, las que tienen antecedentes de infección por virus del papiloma, las que presentan lesiones externas como verrugas o úlceras y las que tienen sangrado transvaginal anormal.
El examen no duele y no requiere mayor preparación por parte de la paciente, solo se le pide que se abstenga de mantener relaciones sexuales 24 horas antes. La paciente deberá acostarse en posición ginecológica y se le introduce un espéculo (un instrumento usado para mantener abierta la vagina y poder visualizar y examinar el cuello uterino). Se le aplica al cuello uterino una solución química (ácido acético) para retirar el moco que recubre la superficie y ayudar a resaltar las áreas anormales. Se ubica el colposcopio en la abertura de la vagina y se examina extensamente el área e incluso se pueden tomar fotografías.
El colposcopio magnifica, o amplía, la imagen de la parte exterior del cuello uterino. Es algo parecido a mirar a través de prismáticos. Esto le permite al médico ver mejor el cuello uterino, y cuando es necesario extraer una pequeña muestra de tejido (biopsia) para efectuar estudios adicionales.
La colposcopía permite detectar tempranamente un cáncer de cuello uterino, o un cambio precanceroso en las células, para que este pueda ser tratado a tiempo. |